Si bien la canonización del beato Fray Junípero Serra, “Apóstol de las altas Californias y de la Sierra Gorda de Querétaro”, fue recibida como una gran noticia para la comunidad hispana en Estados Unidos, encabezada por la inmensa población latina de California, para algunas asociaciones de nativos norteamericanos resulta una afrenta.
Desde que el Papa Francisco anunció la canonización del beato Serra en Washington, las voces de discordia se han elevado diciendo que este misionero, nacido en Petra, Mallorca (España) en 1713, contribuyó, al cristianizarlos, a eliminar la población nativa y a esclavizarlos al dominio español, y por consiguiente desde 1776, al dominio de Estados Unidos, nación que obtenía entonces su Independencia.
Estas asociaciones organizaron protestas en California y pusieron en marcha un movimiento para retirar la estatua del Sacerdote que se ubica en el hall de los personajes destacados de casa estado norteamericano en el Capitolio de los Estados Unidos en la ciudad de Washington DC.
Eso no había ocurrido antes de que se anunciara que iba a ser canonizado por el Papa Francisco, ni tampoco cuando el 25 de septiembre de 1988 lo beatificaba el Papa Juan Pablo II., 204 años después de su muerte, el 28 de agosto de 1784 en la Misión del Carmelo, California.
Para desentrañar estos movimientos, vale la pena recordar las palabras del Papa Juan Pablo II durante la ceremonia de beatificación de un evangelizador de tiempo completo, que en la Sierra Gorda de Querétaro (México) dejó una huella indeleble entre los indígenas pames y jonaces y a quienes les dijo, antes de partir a California: “Vine sin nada y me voy sin nada; pero les dejo un gran tesoro: la fe”:
· “La providencia divina le llamó a ser apóstol de California y a ejercer una influencia permanente sobre el patrimonio espiritual de esta tierra y de su pueblo, con independencia de su religión”.
· “El padre Serra era un hombre convencido de la misión de la Iglesia, conferida por Cristo mismo, de evangelizar el mundo”.
· “El no solamente trajo el Evangelio a los indígenas americanos, sino que se convirtió, también, en su defensor. A la edad de sesenta años viajó de Carmel a México para interceder a favor de ellos ante el Virrey -un viaje que en dos ocasiones lo puso en peligro de muerte-y presentó su Representación, hoy famosa, con su ‘Declaración de los derechos’, que aspiraba al mejoramiento de toda la actividad misionera en California, particularmente al bienestar físico y espiritual de los nativos americanos”.
Por otra parte el 14 de septiembre de 1987, el mismo Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los indios de Fénix, en Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los indios de la explotación. Tres días más tarde, vistió la tumba del fraile en la Misión de San Carlos Borroneo y recordó in situ la “Representación” del beato Serra en 1773 en favor de los indígenas californianos.
Juan Pablo dijo que Fray Junípero y sus misioneros compartían la creencia de que “el Evangelio es un asunto de vida y de salvación. Ellos estimaban que al ofrecer a Jesucristo a la gente, estaban haciendo algo de un valor, importancia y dignidad inmenso” y que esta convicción los sostenía “frente a cualquier vicisitud, desazón y oposición”.
A favor de Fray Junípero se han expresado ya varias voces en El Vaticano contra la idea de que “contribuyó” a la esclavización de los indígenas. El sacerdote franciscano Vincenzo Criscuolo destacó que era importante tener en cuenta a fray Junípero Serra como “un hombre de su tiempo” que, como muchos otros, entendía el castigo corporal como una herramienta educativa.
Por su parte, Guzmán Carriquiry, número dos de la Comisión Pontifica para América Latina, denunció los planes para quitar la estatua de Serra del Salón de las Estatuas del Congreso de Estados Unidos, señalando que es la única persona de ascendencia española distinguida con tal honor. “Quieren sacarlo del Capitolio, precisamente cuando el primer Papa hispano está planeando canonizarle. Digamos que no sería una extraordinaria acogida por parte de un país que pretende ser un ejemplo de multiculturalidad”, declaró Carriquiry.
El Papa Francisco canonizó a Fray Junípero Serra el 23 de septiembre de 2015 en el Santuario Nacional en Washington, en el inicio de su viaje a Estados Unidos, nación que para muchos católicos el Padre Serra ayudó a construir.
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