Por Nicolás Gacitúa y Tomás Solís

No es un uno contra uno. El próximo 8 de noviembre, en las urnas de Estados Unidos no será una lucha única entre la demócrata, Hillary Clinton, y el magnate republicano, Donald Trump, sino que la papeleta incluirá a un tercer candidato, el ex gobernador de Nueva México, representante del Partido Libertario, Gary Johnson.

Para el empresario de 63 años, será su segunda vez como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, luego del fallido intento en 2012, por el mismo partido. En aquella alcanzó un porcentaje de votos de 0,99%, muy lejos de lo conseguido por el actual Presidente Barack Obama. Para estas elecciones, su carrera como tercer candidato está atravesando por un gran momento al obtener el 4,1% según las encuestas del medio RealClear Politics, una cifra ampliamente superior a las obtenidas en su carrera presidencial del año 2012. Pese a esto, se mantiene muy por detrás de Hillary Clinton y Donald Trump, que según el mismo medio obtienen un 45,3% y 43,6% respectivamente.

Con respecto a sus propuestas, tiene dos aristas clave. Como propuesta principal, el libertario afirma que con él como Presidente, el Estado debería inmiscuirse lo menos posible en las decisiones ciudadanas, dando mayor libertad a la sociedad para dar a conocer las falencias actuales. Por otro lado, Johnson propone a la ciudadanía la aprobación del matrimonio igualitario como acuerdo civil, además de la legalización del aborto y de la cannabis.

La seguridad de la ciudadanía también es tema para el candidato, estando totalmente en contra a cualquier legislación que esté a favor de la regulación de armas, dando total libertad a la sociedad de tener armas inscritas para defensa personal.

Otro ámbito trascendental en la actualidad de Estados Unidos, es la inmigración, donde Johnson se muestra a favor de las ideas tradicionalmente demócratas, dejando en claro que quiere favorecer la inmigración para personas que buscan una mejor vida en Estados Unidos. Además expresa que “elevar muros sólo favorecería a la inmigración ilegal”, refiriéndose a una de las propuestas clave de su contrincante republicano, Donald Trump.

La clave del libertario es evidente. Tomar aquellos votos de demócratas y republicanos disconformes que no se lograron encantar con sus candidatos. Johnson, que para el debate presidencial no pudo ser partícipe ya que no cumplía con el 15% necesario, se manifestó una vez terminado éste: «Escuché a Donald Trump describir un país que no conozco, y escuché a Hillary Clinton, escribir cheques que no vamos a poder cobrar». Sin duda aquellos disconformes y dudosos pueden ver en el libertario una opción real. Desde su partido apuntan más que nada a seguir quitando votos sobre todo de republicanos que no ven en Donald Trump un verdadero líder que represente las ideas de su partido.

Pero, ¿qué pasa cuando alguien que anhela a ser presidente de un país no sabe responder preguntas básicas? Esto fue lo que ocurrió con Johnson en dos ocasiones. Primero, cuando se le consultó en un programa nocturno sobre la ciudad siria de Alepo, clave de la guerra que está ocurriendo en aquel país. “¿Qué es Alepo?”, preguntó curioso el aspirante. Luego, su segundo episodio tuvo lugar en MSNBC cuando el conductor Chris Matthews le preguntó sobre su admiración a un líder político mundial. “El que sea, cualquier continente, cualquier país”. Johnson, casi atónito contestó “el ex Presidente de México, pero que no recuerdo su nombre”.

Dos momentos que sin duda dejan una gran marca sobre un candidato que pareciera estar en su lugar para extraer votos de los candidatos más fuertes por la carrera a la presidencia, pero evidenciando el poco conocimiento que existe en él, que por lo demás genera desconfianza y poca credibilidad en la gente y sus seguidores.

De lo que se salva, es que el 70% de los votantes nunca ha escuchado hablar de él, por lo que sus palabras no lo humillaron frente a toda una nación, pero sin duda puede llegar a complicarles el panorama a la demócrata y al republicano.